Muchas preguntas, inquietudes y preocupaciones se vinieron a la cabeza… ¿Podré seguir trabajando? ¿Y mis aficiones? Salir en bici, senderismo, salir con los amigos…Con el paso del tiempo he podido comprobar que cuidándote, llevando una vida sana y siempre tomando la medicación prescrita por el neurólogo, sí se puede llevar una vida normal. Retrocediendo en el tiempo sí es verdad que han cambiado varias cosas en mí, pero siempre positivas.

Hace diez años me diagnosticaron epilepsia. En esa época tenia mucho estrés por causa del trabajo. Cuando te pasan estas cosas, tarde o temprano el cuerpo explota de una manera u otra. Y en mi caso se manifestó con una crisis. No supe exactamente qué me estaba pasando, era la primera vez que mi cuerpo se descontrolaba con movimientos bruscos. Era consciente pero no podía controlarlos.

El hecho de que me pasara justamente en el trabajo hizo también que me asustara más, porque veía a los compañeros de trabajo preocupados. Aún así la actuación fue rápida. Llamaron a una ambulancia y en el hospital me pudieron controlar los espasmos con un tranquilizante. Días después fui al neurólogo y me hicieron todas las pruebas necesarias, donde me diagnosticaron epilepsia y me prescribieron un tratamiento.

Un nuevo rumbo
A partir de aquí decidí qué hacer con el  trabajo. Tenía claro que necesitaba otra cosa. Era contable y quería seguir en el mundo laboral pero con otro rumbo, en el que no tuviera tanto estrés a mi alrededor. En esa época compaginaba el trabajo con un voluntariado los sábados, haciendo actividades, talleres y excursiones con niños del barrio de la Barceloneta. Fue allí donde mis compañeros (monitores) me comentaron de trabajar con niños. Tan solo tenía que sacarme  el título de monitor de tiempo libre… Así que aproveché y también me saqué el de director.

“A partir de aquí decidí qué hacer con el  trabajo. Tenía claro que necesitaba otra cosa, era contable y quería seguir en el mundo laboral pero con otro rumbo en el que no tuviera tanto estrés a mi alrededor”

 

Entré a trabajar hace diez años en un colegio como monitora de comedor y con los años he terminado con un buen horario de trabajo, siendo coordinadora de un equipo de monitores, y estando rodeada de niños, que actualmente es lo que me gusta.

A día de hoy, y habiendo pasado diez años, puedo decir que mi vida ha cambiado positivamente. Sigo haciendo lo mismo que antes (ya no trabajo como contable, pero doy clases de repaso de matemáticas, estadística, contabilidad), incluso mucho más. Antes no viajaba tanto como lo hago ahora… dos Caminos de Santiago, un interrail, diferentes rincones de España y Europa… son  cosas que antes no hacía, y ahora no pienso en otra cosa más que en disfrutar la vida. Poniendo yo mis límites, descansando las horas necesarias y siendo consciente de que, evidentemente, hay que cuidarse.

Sí que es verdad que hay muchas clases de epilepsia, pero no sabía cómo iba a reaccionar mi cuerpo diariamente, y aún sigo sin saberlo. Lo que sí tengo claro es que pase lo que pase, sea esto u otra cosa, nunca hay que rendirse, hay que mirar hacia adelante y seguir viviendo el día a día. Y sí, sí que he tenido más crisis, y sí, miedo también, porque lo quieras o no, vives con eso.

 

 

“Sí que es verdad que hay muchas clases de epilepsia, pero no sabía cómo iba a reaccionar mi cuerpo diariamente, y aún sigo sin saberlo. Lo que sí tengo claro es que pase lo que pase, sea esto u otra cosa, nunca hay que rendirse”

Yo le doy rumbo a mi vida, trabajo en mis sueños, porque sino los sueños mueren. A los sueños no se le pueden empujar, no se le pueden provocar. Tampoco creo que los trenes solo pasen una vez. Creo que cada persona, cada uno está en el lugar que le corresponde en cada momento, para poder aprender algo que no había aprendido aún. La vida es una montaña rusa, y hay que estar preparado para todo. Todos tenemos características diferentes, únicas y nuestro principal deber es el de enamorarnos de la vida, acogerla venga como venga, y ser siempre fieles a nosotros mismos. 
Ganas de vivir
Mar de Somnis me ha ayudado a descubrir todo lo que he descrito en el anterior párrafo. Llevo un año con ellos, y sinceramente es una vía de escape para todos aquellos niños, adolescentes y voluntarios que tienen relación o no con la epilepsia, sea en primera persona, o conocidos. Vives más de cerca la enfermedad, y vives más cerca la voluntad y las ganas de vivir de ellos. Es impresionante la fuerza que tienen para seguir luchando, podría poner miles de ejemplos, pero no terminaría. A todos ellos los admiro, los reconozco y los aplaudo. Os invito a que entréis en este mar de sueños www.mardesomnis.org
Yo le doy rumbo a mi vida, trabajo en mis sueños, porque sino los sueños mueren. La vida es una montaña rusa, y hay que estar preparado para todo. Mar de Somnis me ha ayudado a descubrir todo ello”.Mientras tanto, sigamos disfrutando de la vida

 

Vanessa Lax

Voluntaria de Mar de Somnis