Todo sucedió casi por casualidad, ojeando páginas en internet. De repente apareció algo que me llamó  la atención: un pez de colores nadando entre las olas.

No sé si era lo que buscaba, pero sin duda alguna, sí era lo que necesitaba.
Jamás hubiese imaginado que dentro de ese grupo nos íbamos a encontrar personas tan dispuestas a dar tanto a cambio de casi nada … y allí estaban. Tan sólo llevamos un par de años, pero han sido maravillosos. A veces uno piensa que sabe mucho sobre la epilepsia, pero poco a poco me fui dando cuenta de lo poco que conocía y gracias a todos los que componen ésta gran familia he descubierto muchas cosas nuevas para mí. Y no sólo de la enfermedad en sí, porque la labor que desarrollan cada uno de los que forman Mar de Somnis es espectacular. Las actividades que se desarrollan sirven para mucho, pero yo destacaría dos en especial. Por una parte a los niños les hace disfrutar, les ayuda a relacionarse, a crear nuevas amistades, a superar sus propios miedos, a reírse, mejoran su calidad de vida, crean vínculos entre ellos que ya son imposibles de romper. Y en el otro lado estamos los padres. A mí personalmente me ha servido para tener un mayor conocimiento de la epilepsia a través de los voluntarios, enfermeras y médicos. He conocido las vivencias de otros padres, hemos tenido la oportunidad de compartir entre nosotros como son nuestros hijos, algo que no es fácil en el día a día. En definitiva, he aprendido mucho más de lo esperado.
Desde el primer instante hemos recibido cariño, comprensión, entendimiento, simpatía, facilidades para todo, afecto, aprecio, consideración, amor y ternura. Por todo ello, estoy inmensamente agradecido a todos por haber hecho posible que Sara sea muy feliz cuando se encuentra entre vosotros, porque eso es lo que veo en ella: felicidad en letras mayúsculas. Por todo ello, simplemente GRACIAS.