La llegada del verano supone una serie de cambios que obligan al organismo a realizar un esfuerzo de adaptación para mantener una temperatura corporal normal: sudamos, las venas se dilatan, la digestión y el sueño alteran su ritmo… La epilepsia en verano requiere, pues, estar atento a una serie de consideraciones para tener unas vacaciones divertidas pero también tranquilas.

Los días en que hay que prestar más atención son los de calor intenso, la canícula, que en nuestro país registra temperaturas muy altas hasta por las noches. Este período suele extenderse, con variaciones, entre la última quincena de julio y la primera de agosto.

Hay que prestar la máxima atención:

Epilepsia en verano• En los primeros días de la ola de calor, pues nuestro organismo no está habituado aún a las altas temperaturas. Seguir las indicaciones del hombre del tiempo es una buena idea.

• Cuando las altas temperaturas se combinan con mucha humedad y no hay viento.

• Cuando el calor se mantiene fuerte a lo largo de los días (sin descanso para el cuerpo), y si los días y las noches son calientes.

 

Los cambios en la hidratación pueden influir en los niveles de medicación en la sangre

Medidas saludables:

• En las horas de máximo calor evitar actividades intensas en el exterior.

• Usar ropa ligera y de color claro, calzado fresco y gorra o sombrero que transpire.

• Permanecer en lugares frescos y ponerse a la sombra.

ventilador• Localizar lugares climatizados y frecuentarlos diariamente.

• Ducharse o tomar un baño fresco cada día.

• Aumentar el consumo de líquidos sin esperar a tener sed para mantener una hidratación adecuada.

• No ingerir bebidas alcohólicas o muy azucaradas, y sustituirlas por zumos o bebidas isotónicas, que ayudan a reponer rápidamente el agua y las sales que se pierden con la sudoración.

• En casa, mantener las persianas bajadas durante el día para que el sol no entre directamente. Si la temperatura exterior es muy alta mantener las ventanas cerradas.

• Evitar comidas abundantes. Preparar comidas ligeras que ayuden a reponer las sales perdidas por el sudor: ensalada, fruta, gazpacho, zumos…

Hay que estar atento a los contrastes: frío – calor, oscuridad – luz…

Hidratación y epilepsia

sucsEl aumento de la transpiración y una ingesta de líquidos insuficiente pueden causar una caída en los niveles de sodio y de azúcar (hipoglucemia), situación que puede incidir en mayores posibilidades de sufrir una crisis.

Por otra parte, la mayor sudoración y orinar más por la ingesta de más líquido puede alterar el umbral de crisis epiléptica al eliminarse más fácilmente la medicación de la sangre.

Contrastes y crisis epilépticas

Frío – calor: No existe ninguna evidencia de que el calor en sí pueda provocar crisis epilépticas. En realidad, las altas temperaturas no constituyen por sí mismas ningún factor de riesgo, pero facilitan circunstancias que sí pueden serlo, como los contrastes fuertes. Sería el caso de unos grandes almacenes donde el aire acondicionado está muy fuerte, mientras que en la calle la ola de calor está en pleno apogeo. Un cambio de esta brusquedad sí que es ya un factor de riesgo de crisis. Conviene evitar estos contrastes, ya sea esperando a que la temperatura exterior baje, o tomándose el tiempo necesario para pasar de un ambiente a otro de forma dosificada.

Oscuridad – luz: Es frecuente tener las persianas bajadas para mantener la casa más fresca, mientras que en el exterior el sol puede estar suministrando una luz cegadora. El paso de un ambiente a otro también puede ser causa de crisis de epilepsia y conviene evitarlos.

Relámpagos: Las tormentas veraniegas suelen suponer fuertes descargas eléctricas. Aunque en menor grado que en las situaciones anteriores, los relámpagos también puedes constituir un factor de riesgo de crisis.